La figura de Jannik Sinner hace meses que es sinónimo de imbatibilidad. 30 victorias consecutivas. Títulos al hilo en Indian Wells, Miami, Montecarlo, Madrid y Roma. Número 1 indiscutible y supremacía absoluta. Pero en ese personaje que pocas veces parece mostrar fisuras, con niveles de excelencia casi robóticos, la “Compu” Juan Manuel Cerúndolo encontró un resquicio de esperanza. Una oportunidad para “formatear” a la inteligencia artificial italiana. Su debilidad fueron las altas temperaturas del polvo de ladrillo de Roland Garros, un sobrecalentamiento letal que el argentino aprovechó al máximo para sellar una remontada épica por 3-6, 2-6, 7-5, 6-1 y 6-0, que no sólo significó el pasaje a la tercera ronda del segundo Grand Slam del año, sino que también decretó un triunfo histórico para el tenis nacional.

Fue impactante ver al número uno del mundo de esa manera: sosteniéndose el rostro, con la mirada perdida y completamente fuera de sí. Era la excelencia del atleta mostrando sus hilachas humanas. El tercer set estaba 5 a 1 a favor del europeo, a sólo un game con su servicio de terminar la historia. De pronto, empezaron a aparecer las fallas mecánicas: deshidratación, calambres, mareos y náuseas; un estado de confusión del cual Sinner nunca pudo salir, ni siquiera solicitando la revisión médica a la jueza de silla cuando su rival ya tenía un 0-40 a favor para ganar el set. A partir de allí, la lucha del italiano empezó a ser consigo mismo más que con el oponente.

Del otro lado, las sensaciones eran totalmente distintas, pero el objetivo era el mismo. Cerúndolo debía jugar su propio partido, abstraerse de las complicaciones físicas del rival, no desconcentrarse y no perder el eje. El argentino adaptó la estrategia y se ató a ella: a partir de pelotas profundas y de mucho peso sobre el revés de Sinner, empezó a encontrar respuestas en un desarrollo que le había sido imposible de descifrar hasta ese momento. Desde aquel 1-5 adverso, fueron 18 games para el bonaerense y sólo uno para el europeo. “Hacía calor, pero no un calor loco. Siento que era bastante tolerable jugar. Realmente no fue nada contra el clima, fui solo yo”, declaró el mejor jugador del mundo según el ranking ATP, sin quitarle méritos a su oponente. Y agregó: “empecé a sentirme muy mareado y muy bajo de energía. El cuarto set lo dejé ir un poco tratando de reservar fuerzas para el quinto, pero no pude mantenerlo. Luego todo fue cuesta abajo. Felicitaciones a él, jugó un partido muy sólido, especialmente en el final”.

Desde la vereda de Cerúndolo el festejo fue medido, fiel a su estilo. Lejos de exteriorizar la euforia que semejante victoria representaba, el argentino apenas sonrió y saludó a las tribunas tras el match point. “Tuve mucha suerte. Sinner estaba sacando para partido y yo no podía ganar más de tres juegos por set. Se merecía ganar. No sé bien qué pasó; espero que se recupere pronto”, analizó con humildad al finalizar el duelo.

Un registro histórico

Que la victoria haya sido contra  un rival visiblemente disminuido puede llevar a los escépticos a quitarle méritos a la hazaña. Sin embargo, el triunfo de “Juanma” (56° del ranking) se posiciona como uno de los impactos más importantes del tenis nacional en los últimos tiempos por el estado de forma en el que venía su rival, por el escenario y porque, incluso para el más optimista, era una jornada totalmente impensada.

Este golpe lo metió en un grupo extremadamente reducido dentro de la historia del tenis argentino: el de los jugadores capaces de derrotar al número uno del mundo en el circuito ATP. La nómina cuenta con nombres legendarios como Guillermo Vilas, quien derrotó a Jimmy Connors en el US Open de 1977 y luego repitió la proeza en el Masters de 1978. Más adelante aparecerían otros históricos de la talla de José Luis Clerc, David Nalbandian, Guillermo Cañas y Gastón Gaudio, todos con triunfos memorables frente a los líderes del ranking mundial.

De hecho, antes de este impacto de Cerúndolo en París, el último antecedente argentino ante un líder del escalafón ecuménico había sido el de Juan Martín Del Potro frente a Rafael Nadal en las semifinales del US Open 2018, cuando el español debió abandonar por lesión y el tandilense avanzó a la final en Nueva York. La coincidencia es que aquella victoria de "Delpo" fue con Sebastián Prieto, actual entrenador de Cerúndolo.

ADN de tenis

Nacido en Buenos Aires en noviembre de 2001, Juan Manuel Cerúndolo lleva el tenis impregnado en su árbol genealógico. Es el hermano menor de Francisco Cerúndolo (actual top 30 y primera raqueta nacional durante las últimas temporadas), quien se enteró del triunfo de su hermano apenas finalizó su propio compromiso en el certamen francés, el cual saldó con victoria sobre el local Hugo Gastón.

Apodado la “Compu” por su  inteligencia táctica, su capacidad estratégica en la cancha y la frialdad con la que desgasta a sus rivales desde el fondo de la pista, Juan Manuel es un especialista sobre polvo de ladrillo. Formado bajo la exigente escuela del tenis sudamericano, el zurdo de 24 años se destaca por su juego contragolpeador, buena defensa y mentalidad fría que le permite mantenerse enfocado en los momentos de mayor presión.

Tras lograr la hazaña frente a Sinner, en la tercera ronda del certamen parisino Cerúndolo se verá las caras con el joven español Martín Landaluce, quien viene de avanzar tras vencer al checo Vit Kopriva con parciales de 1-6, 2-6, 6-4, 7-5 y 6-0.